miércoles, febrero 10, 2010

DESDE COLOMBIA


125 ANIVERSARIO EN LA SEDE PROVINCIAL-COLOMBIA


Reunidas en nuestra Sede Provincial las Comunidad: Casa Provincial, Bosa Colegio, María Antonia Paris y Sasaima dimos inicio a nuestro año Jubilar, en los 125 años de muerte de nuestra Madre Fundadora. Con el rezo de laudes nos unimos a la Iglesia y a toda la Congregación, motivados con el espíritu de María Antonia en este momento tan significativo y entrañable para nosotras. Nos sentimos llenas de motivos para agradecer al Señor, especialmente el don de María Antonia Paris a la Iglesia y a la Congregación.

A las doce del día celebramos la eucaristía que presidio el P. Carlos Villabona, hermano de nuestra hermana Teresa Villabona, en la que resaltó algunas virtudes y dones que María Antonia supo poner al servicio de la Iglesia y los hermanos y nos invitó a continuar su obra de manera coherente, resaltando su espíritu misionero y evangelizador y valorando los carismas y dones de nuestras hermanas para bien de la comunidad. Seguidamente compartimos el almuerzo las cuatro comunidades.
En la tarde nos reunimos nuevamente para la celebración jubilar y desarrollamos la hermosa liturgia enviada por el gobierno general. Fue un momento muy importante en el que María Antonia se hizo presente; pudimos contemplar su vida y acercarnos a su misión y hondura espiritual. Recordamos algunos momentos de su vivencia y experiencia de Dios; ante todo, su escucha de la Palabra y cómo dejo que Dios la sembrara en su corazón dando fruto abundante. Fue un momento muy emocionante cuando cada una de las hermanas representando algún País salió a pegarlo al árbol frondoso que habíamos preparado. Cómo él, queremos que siga siendo nuestra Congragación en este momento histórico.
Para finalizar este momento, compartimos nuestra oración de alabanza y acción de gracias por tanta bondad recibida, cantamos el Magníficat; recibimos el testamento espiritual de María Antonia: “… El espíritu de nuestro santo Instituto y designios de Nuestro Señor es que seamos una sola alma y un solo corazón (Cf Testamento), y una semilla que estamos invitadas a hacer crecer para que dé fruto abundante.

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